martes, 30 de junio de 2020

Parque de María Luisa de Sevilla en cuarentena



Sevilla sin sevillanos…. y sin turistas. La crisis sanitaria sigue ofreciéndonos imágenes inéditas de nuestros espacios urbanos. Experiencias que no podíamos imaginar hace solo unos meses. Y quizás en la estación del año donde las ciudades recuperan en mayor medida la vida y el bullicio de sus calles. Es el caso sin duda de Sevilla. Porque las esencias sevillanas estallan en primavera para deleite de locales y visitantes. Su ciclo festivo es una referencia mundial con una sucesión de eventos que ocupan todos estos meses. De la misma manera que casi todo el mundo que se precie de conocer la ciudad poses su rincón favorito al que suele volver siempre que puede para vivir la experiencia única de la estación más luminosa del año.
Este año la primavera sevillana ha sido diferente. No podemos recordar esas estampas tan repetidas. Sus calles, sus monumentos, sus espacios festivos y de culto y sus singulares parques y jardines han ofrecido una imagen cambiada, lejos del bullicio habitual de estos días.
El Parque de María Luisa, un famoso y visitado espacio de 34 hectáreas, donado a la ciudad por la infanta María Luisa de Borbón, y cuyas caras más visible son las espléndidas plazas de España y de América, repleto de glorietas, estanques y monumentos de estilo neomudéjar, han mostrado unas postales desconocidas en sus 100 años de historia.





















































































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viernes, 29 de mayo de 2020

Cádiz, la ciudad desnuda



La pandemia del Covid-19 ha congelado las ciudades de medio planeta. Calles, plazas y monumentos nos ofrecen unas imágenes inéditas que nunca podíamos imaginar. Insólitas, casi irreales. Lugares fantasmales a la espera de que vuelva la normalidad. Las medidas sanitarias y el miedo ante lo desconocido han vaciado estos espacios públicos. Es casi como estar en una película apocalíptica, las pocas personas que hay por las calles son como sombras detrás de una mascarilla. Un gran vacío se ha apoderado de nuestras ciudades y el espacio y el tiempo parecen otros.
Estas sensaciones se acrecientan más si cabe en una ciudad como Cádiz, acostumbrados como nos tiene al bullicio de sus calles y plazas, y ahora desangeladas. Sus edificios, rincones, monumentos y parques son los mismos pero parecen otros. Reconocemos esa luz única de esta ciudad en primavera, pero ahora esta urbe se nos antoja mucho más luminosa. Desprovista  de tener que ser el escaparate de la vida urbana, impresiona este escenario. Pero también el silencio apenas roto por los pájaros. Una ciudad de luz y de silencio. Como siempre, como nunca.