lunes, 23 de octubre de 2017

Tánger, de todos y de nadie



Quizás nadie ha definido mejor la encrucijada de culturas de esta ciudad que Juanita Narboni, personaje de ficción  de una novela del escritor Ángel Vázquez, hija de un inglés de Gibraltar y de una andaluza, cuando decía: “Gracias a Dios que hemos nacido en una ciudad donde no somos del todo cristianas, ni del todo judías, ni del todo moras. Somos de lo que quiere el viento. Una mezcla”.
Verdadera puerta de África, Tánger ha sido capital de la antigua Mauritania Tingitana romana durante cinco siglos, ha formado parte del Imperio Bizantino, ha contemplado la llegada de visigodos, árabes, portugueses, españoles e ingleses. Fue declarada Ciudad Internacional durante los años 40 y 50 del pasado siglo, cuando se convirtió en un nido de agentes secretos y refugio de artistas e intelectuales de todo el mundo, antes de formar parte del Reino de Marruecos.  
Hoy esta ciudad sigue irradiando misterio y continúa siendo ese lugar de leyenda que atrae como un imán a personajes de todo el mundo tras los ecos de aquella ciudad internacional, morada también de la generación beat.  Y aún podemos perdernos por ese Tánger que conserva ese espíritu mestizo que se respira en numerosos rincones de la ciudad.
Quizás en pocos lugares como en sus hoteles y cafeterías que reflejan ese mundo de  lujos decadentes y mezcla de estilos orientales. Como  El Minzah, con su interminable lista de huéspedes ilustres; el más modesto hotel Fuentes, en el zoco chico, antiguo foro romano, y verdadero epicentro de la ciudad antigua; el Continental, que mira al mar desde lo alto de las murallas, o la sofisticada Villa Josephine, ya en la periferia de la ciudad. 
Pero esos ecos también lo podemos encontrar en el estratégico Café París, entre La Medina y el boulevar Pasteur, antiguo lugar de encuentro de escritores, o en la legación Americana, hoy convertida en museo y donde también se puede saborear el aire de los años 50 tangerinos. Aunque nada como perderse por las callejuelas de la Medina, ese museo al aire libre, que nos lleva hasta la atalaya de la Kasbah, la ciudad fortificada, donde se ha abierto un atractivo espacio cultural. 

Hoy Tánger está inmersa en un proceso de transformaciones que ha ido cambiado poco a poco la cara de una ciudad que quiere adaptarse a los nuevos tiempos. Pero continúa siendo esa encrucijada entre Oriente y Occidente, Norte y Sur, Atlántico y Mediterránea, que ha forjada una leyenda que ha inspirado y sigue inspirando tanta literatura.   


























































viernes, 29 de septiembre de 2017

La experiencia de la travesía Gibraltar-Ubrique




Hace ahora 16 años que el rutero ubriqueño Juan Carlos Huércano partió de su pueblo en dirección a la comarca del Campo de Gibraltar sin saber a ciencia cierta adónde lo llevarían aquellos senderos. Había oído decir a su padre que en cierta ocasión por esos andurriales había llegado hasta Algeciras. Por lo que, una noche de septiembre de 2001, se animó a descubrir por su cuenta aquellos caminos, en otro tiempo tan transitados, pero entonces aislados del mundo. Llegado a Jimena, se animó a seguir hasta Castellar, en cuya fortaleza pasó la siguiente noche hasta que la lluvia lo despertó bien temprano. Se propuso continuar y para su sorpresa terminó frente al Peñón de Gibraltar.
Al año siguiente repitió la experiencia sin saber muy porqué y al otro una persona se animó a acompañarle. Poco a poco consiguió que lo siguieran otros senderistas al mismo tiempo que daba forma a lo que iba a ser una apuesta personal. Aquellos caminos que separaban la Sierra gaditana de la colonia inglesa y que habían alimentado tantas historias eran de una belleza extraordinaria. Repitiendo cada año la ruta en un sentido o en otro, llegando incluso a partir desde lo más alto del Peñón, consiguió implicar cada vez a más personas, gracias también a la colaboración de los clubes senderistas por los que ha pasado. Primero fue Tritón de Prado del Rey y posteriormente los 3 Caminos de Ubrique,
Finalmente, el club ubriqueño asumió la organización de una prueba que había sido incluida en 2015 en el calendario  de la Federación Andaluza de Montañismo. En la edición de 2016 fueron unos 90 los inscritos para pasar este año a 180 participantes. A pesar de este rápido incremento, la prueba no ha perdido un ápice de la impronta que le daría su promotor. Nunca ha tenido carácter competitivo y destaca por ese clima de camaradería que llega a contagiar a todos, gozando de merecida fama por la complicidad, cooperación y solidaridad que se establece entre los participantes y entre éstos y la organización.
Tampoco le faltan atractivos paisajísticos, históricos y culturales. Desde el kilómetro cero hasta el último. Una prueba que invita también a compartir experiencias tales como el atardecer a la sombra del Peñón, con la reserva natural presidiéndolo todo, la noche cerrada en la travesía por la Sierra Carbonera, la frondosa vegetación y las arenas del Pinar del Rey, en San Roque, la llegada a la Almoraima y la subida nocturna por la calzada medieval de Castellar hasta su fortaleza y el amanecer con el castillo de Jimena en el horizonte. Posteriormente los senderistas han de enfrentarse al muro que representa la subida de la Asomadillas, para posteriormente emprender la  travesía por el corazón del Parque Natural de los Alcornocales, zona alejada de carreteras y caminos. Y finalmente, experimentar la alegría infinita que representa la visión de Ubrique en la lejanía, las primeras panorámicas del Parque Natural de Grazalema y el recorrido por las calles de la localidad gaditana entre aplausos. Todo ello pasando desde el nivel del mar hasta los 800 metros de cota máxima, desde la  humedad nocturna del Pinar del Rey al calor del último tramo.
Las administraciones públicas también han ido tomando conciencia del potencial de esta prueba. Así, por primera vez los senderistas fueron despedidos por el ministro de Cultura y Deportes de Gibraltar y a lo largo del recorrido fueron saludados por los alcaldes de Jimena y Ubrique. 
El ambiente de colaboración hace posible el sueño de muchos de afrontar una travesía de un centenar de kilómetros. Es el compromiso que suscriben cada año más personas con el deporte, la naturaleza y la cultura.  






















































  

(El reportaje fotográfico recoge la primera parte de la prueba, entre Gibraltar y Jimena de la Frontera)