miércoles, 18 de junio de 2014

Canuto del Prior y Garganta del Capitán





El entorno del Campo de Gibraltar goza de una condiciones climáticas excepcionales. Las montañas que rodean la bahía de Algeciras constituyen una barrera natural capaz de retener las nubes llegadas del mar  y que se instalan en sus laderas dando lugar a una gran variedad de especies vegetales. 

El Canuto del Prior, atravesado por el arroyo del mismo nombre, es uno de esos ecosistemas excepcionales con una gran densidad vegetal debido a su alta humedad. Sus aguas van a parar al embalse del Monte de la Torre para unirse posteriormente con las del Botafuego y el río Palmomes.  Remontar esta garganta hasta su parte más alta constituye una agradable experiencia que puede realizarse en unas 3 horas, necesarias para cubrir los aproximadamente 5 kilómetros que hay que cubrir. Aunque existen varias alternativas, se puede partir de la zona de Benharás, concretamente de la calle Eucalipto, y desde allí debemos buscar una angarilla y seguir un sendero hasta que nos encontramos con una bifurcación donde hay que continuar por la derecha. Ese carril nos conducirá hasta un puente de hormigón que atraviesa nuestro arroyo para girar hacia una vereda a fin de remontar este curso fluvial que dejaremos siempre a nuestra derecha.

Iniciado este camino, enseguida comprobamos que nos hemos metido en otro mundo. No hay transición posible. Saltos de agua, cascadas, helechos, alcornoques, quejigos, madroños. Una sucesión interminable de verdes en una completa sinfonía. El equilibrio y la armonía que solo podemos encontrar en plena naturaleza. Aunque el sendero está marcada por hitos de piedra durante todo el recorrido, hay que estar atentos para no perderlo. La vegetación es tan exuberante que llega a desdibujar el camino. La referencia, no se puede olvidar, es el arroyo, cada vez más encajonado, y siempre a nuestra derecha. En algunos lugares los helechos son tan altos que ocultan la vereda, o bien otros materiales vegetales cubren el suelo con un manto de hojarasca borrando cualquier rastro, dándonos la impresión que somos los primeros humanos en deambular por estas laderas.  A veces pequeños cortados por los que hay que caminar muy atentos y si es posible sin hacer mucho ruido a fin de poder escuchar el sonido del agua porque el arroyo nos guarda siempre algunas sorpresas, todas ellas agradables, en forma de cascadas, una de ellas de más de seis metros de altura.

Una fuerte ascensión nos irá alejando del cauce. Más helechos y algunos recodos que nos ofrecen nuevas perspectivas del río, ahora desde las alturas. Una colonia de acebo es otras de las sorpresas. Y siguiendo nuestro camino, debemos ignorar una valla situada a nuestra derecha. A continuación hay que buscar unos bloques de piedras de grandes dimensiones que forman balcones naturales para asomarnos y disfrutar de una perspectiva de conjunto de todo el canuto, con Los Barrios,  el embalse y la Bahía presidiendo el horizonte. Más arriba se conecta con otro sendero, la vía pecuaria denominada Vereda del Arenoso a Ojén, más clara y fácil de seguir.

Finalmente, en la parte más alta, unos pinos de repoblación nos anuncian que estamos llegando a la cumbre. Debemos acceder al collado de la Albarda, en la  Sierra de la Palma, a través de una angarilla para superar una alambrada levantada junto a un muro. Desde este punto hay espectaculares vistas. A la derecha el valle de Ojén, enfrente las montañas del entorno, el pico Algarrobo, las Sierras Luna  y del Bujeo y todas las elevaciones del entorno, a la derecha se adivina el carril de las Corzas y si caminamos un poco en esa dirección siguiendo la alambrada hasta una garita de vigilancia contra incendios, una amplia panorámica la Bahía y el Estrecho.

Llegados a este lugar privilegiado existen muchas posibilidades para conectar con otros espacios naturales y otras rutas. Aunque lo normal es volver sobre nuestros propios pasos para descubrir nuevos rincones que hemos ido dejando a nuestras espaldas. Incluso se puede conectar, a través de una valla, con el carril que baja del Hoyo don Pedro, aunque ello puede resultar más largo. 

Sin embargo, nuestra propuesta consiste en alargar un poco la excursión para regresar atravesando la Garganta del Capitán, para lo cual debemos, desde el collado de la Albarda, dejar el muro a nuestra derecha y descender entre rocas y piedras en dirección al pico del Fraile, que domina todo el entorno, y después desembocar en el carril de las Corzas. Debemos atravesar esta vía tan transitada por ciclistas continuando por nuestra linde para penetrar en la nueva garganta, cada vez más encajonada. Aquí existe otro antiguo camino señalizando con hitos de piedra pero a veces la vegetación llega a borrarlo. A unos 3 kilómetros desembocamos en la poza del Capitán, según algunos, una “porción del paraíso”. Tras un descanso podemos visitar el llano de las tumbas, la última morada del Capitán y los molinos.      

























































sábado, 31 de mayo de 2014

Puente de Dios (Marruecos)




Enclavado en el Parque Nacional de Talassemtane, el llamado Puente de Dios tiene una connotaciones casi místicas para los habitantes de estas apartadas montañas del Rif, donde los más pobres de Marruecos viven del cultivo del hachís y todavía se puede ver el arado romano arrastrado por asnos. Pero se trata de un lugar con una naturaleza sorprendente, con abundante vegetación y paisajes de zonas vírgenes de gran riqueza biológica y geológica. Un monumento natural formado por bosques, ríos de montaña y cascadas. Uno de los mayores atractivos es una formación rocosa que adquiere forma de arco natural para conectar las dos paredes de una profunda garganta sobre una altura de casi 40 metros labrada por la acción del río Farda. 

      Para realizar esta excursión, de unas 4 horas, hay que llegar hasta la pequeña aldea de Akchour, distante unos 35 kilómetros de la ciudad de Chauen. Después de pasar por un pequeña zona de aparcamientos y una presa, se inicia el ascenso, siempre paralelo al río, bordeando las paredes del cañón que ha ido formando el río. En estos cortados podemos apreciar la vegetación de  monte bajo. Se trata de una subida muy exigente, de dependientes pronunciadas, con un desnivel de unos 600 metros, hasta alcanzar una altura de 1.250 metros. Pero al coronar la cota tenemos una primera visión de este lugar ciertamente mágico.

     Todavía no castigado por el turismo de masas, la mayoría de los visitantes que se van encontrando a nuestro paso son marroquíes, un reflejo también de lo que están cambiando las cosas en el país vecino donde se empieza a sentir este fenómeno. Ya en la zona del Puente, existe una caseta de barro donde se puede tomar un té mientras se observa el espectacular encajonamiento del río.


     Desde allí se puede optar por continuar a través de esta pasarela natural para seguir subiendo en dirección a las montañas que coronan estos parajes buscando lugares y aldeas remotas, e incluso vistas de las costas españolas; o bien volver al punto de partida, como fue nuestro caso, por un camino alternativo faldeando la vertiente opuesta, donde nos encontramos con pastores y campesinos humildes en permanente lucha con las condiciones desfavorables de un terreno donde sólo una pequeña parte es cultivable.