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miércoles, 28 de abril de 2021

Garganta de Fuensanta y sierras de Las Esclarecidas en primavera

 



Las sierras que rodean la costa de la comarca del Campo de Gibraltar provocan que los vientos húmedos dominantes descarguen sobre esta cadena montañosa y que aquí proliferen los bosques de nieblas y las gargantas más bellas del Parque Natural de los Alcornocales. 

Las elevaciones conocidas como las Esclarecidas dominan algunas de las vertientes de este entorno privilegiado. Se puede acceder por varios lugares para disfrutar de limpias y espectaculares panorámicas de las profundidades de estas gargantas, la bahía de Algeciras y el Estrecho.

Nosotros hemos hecho esta subida con el club senderista Camino y Jara por la garganta de Fuensanta. Un espacio natural casi virgen,  aislado del mundo, donde las veredas y caminos antiguos se van perdiendo por el avance de la vegetación. Este entorno nos permite respirar y sentir la naturaleza en estado puro. La naturaleza típica de estos canutos es la de alcornocal con helechos y bosques de galerías. Pero en primavera esta vegetación es alta y espesa. El brezo invade los caminos, los helechos alcanzan una altura considerable y el color verde resulta dominante.

Caminamos en ascenso por la falda de las Esclarecidas hasta llegar a sus crestas. Un  esfuerzo más y estaremos en la cumbre de estas elevaciones montañosas con vistas panorámicas de este entorno enclavado en el parque natural de Los Alcornocales. Tras ello la bajada la haremos extremando las precauciones para evitar las caídas, venciendo la tentación de utilizar la cámara de fotos para captar el espectáculo que tenemos ante nosotros. Pero en nuestro caso no hubo escarmiento y sabemos de lo que hablamos.

Porque la bajada es por un sendero con piedras sueltas, por lo que hay que estar todavía más atentos y pueden ser recomendables los bastones para caminar por las crestas de estas sierras que atraviesan las Medias y Bajas Esclarecidas.

Este camino nos lleva hasta el punto de partida en la barriada del Cobre de Algeciras.




























 

sábado, 31 de octubre de 2020

Ruta del Cares

 

       


Conocida también como la Garganta Divina, para muchos es uno de los desfiladeros más bellos del continente europeo. Y una de las rutas senderistas más populares y transitadas de la Península Ibérica con abruptos desniveles, paisajes de roca y riscos imposibles. Impresiona la profundidad del valle excavado por las aguas del río Cares, una brecha rocosa con muchos metros de profundidad.

Antiguo camino de pastores, la actual senda, paralela al valle, se hace en 1945 para dar acceso al canal de la central hidroeléctrica que discurre  paralela todo el camino.   

Unos 24 Km. de un sorprendente recorrido, de ida y vuelta, entre las ciudades de Poncebo y Caín. Se parte de Asturias y se entra en Castilla-León. Aunque también se puede hacer al revés. En nuestro caso comenzamos en la localidad asturiana de Poncebo y nada más salir nos encontramos con un duro ascenso de casi tres kilómetros, donde no hay tregua. Llegados arriba, a la zona de los collados, mientras descansamos, podemos disfrutar de una gran panorámica y dedicar un rato a las inevitables fotos encima de estas formaciones rocosas. Nos queda una suave bajada y después iremos llaneando. Pero hay que estar muy atentos y extremar las precauciones, puesto que durante todo el recorrido caminaremos al borde de los precipicios y no existen barandillas.

Existen varios túneles y más adelante atravesamos un total de 3 puentes porque vamos cambiando de una orilla a otra. En el primer puente, llamado Bolín, existe la única fuente del recorrido, y solo unos metros más adelante el de Rebecos, sin duda el más espectacular, una estructura metálica de más de 50 metros que salva la profundidad del valle. Entramos después en una zona de túneles de escasa visibilidad y donde hay andar con precaución por su escasa altura. Pronto llegamos a la presa del pantano y al último puente, donde todo invita a hacer un alto para refrescarse.

En Caín existen servicios para tomar algo y recuperar las fuerzas antes de desandar el camino. Pero resulta un placer,  antes de retomar la misma senda en sentido contrario, meter los pies en las frías aguas del río. La vuelta que tiene que ser más rápida porque ya hemos hecho las fotos de nuestro reportaje y nos ahorramos el desnivel de la ida.